Derecho de piso.

Octubre, 12; 2016.

Ser padre te cambia la vida. En todos los sentidos. Ya lo sabes o al menos lo has escuchado antes, ¿cierto?

Días atrás mi pequeño Gabriel despertó alrededor de las seis de la mañana con una tos que nos alarmó. Esperamos a que dieran las siete y llamamos al pediatra (quien por cierto nos ha brindado una atención excelente). Nos citó en su consultorio y en ese momento cancelamos los planes que teníamos previstos para aquella mañana.

Después de revisarlo, y mientras Gabriel miraba con desconfianza el conejo de madera que el doctor guarda en un rincón de su consultorio, nos explicó que no había razón para alarmarnos. Se trataba de un virus que no requería más atención que un medicamento ligero y descanso en casa. Nada de guardería hasta dentro de cuarenta y ocho horas, como mínimo.

Es en estos momentos cuando te das cuenta de que todo ha cambiado. Las prioridades que creías inamovibles de repente parecen quedar relegadas a un rol secundario; trabajo, diseño, planos, permisos, presupuestos, fotos, paseos, libros… Y es aquí cuando descubres un sentimiento que parece haber sido sembrado en tu interior tiempo atrás. Tal vez sin que te dieras cuenta. O es posible, incluso, que estuviera dentro de ti cuando llegaste a este mundo. Pienso que tal vez Gabriel  lo experimentará algún día.

Y este sentimiento florece e impregna toda tu existencia, todo tu ser, mientras sostienes a tu pequeño entre tus brazos con la rigidez de los padres primerizos que poco a poco desaparece. Te preguntas qué hay dentro de ti que lo lleva a recargar su cabeza en tu hombro. Tal vez es buen momento para darte cuenta de que tienes algún tipo de súper-poder para sanarlo, o al menos para reconfortarlo, aunque prefieres pensar en lo primero.

Así, mientras tu pequeño se aferra a ti, agradeces a quien crees conveniente que en su cuerpo arda la misma chispa que meses atrás lo llevó a abrir los ojos por primeva vez, y que ahora le lleva a luchar por hacer valer su derecho de piso en este mundo, y a cubrir los requisitos inmunológicos que le permitirán recorrerlo de un lado a otro y reconocerlo, con absoluto merecimiento, como su hogar.

161009-01

 

 

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