Juliet, desnuda

Pero Annie siguió sin querer ver la casa de Julie. Después del desayuno cogió un taxi hasta el otro lado del Golden Gate, y emprendió el camino de vuelta a pie de la ciudad, con el viento salobre avivando su gozo de estar sola.


— No. No hay ninguna mujer a quien le importe gran cosa. Pero está mi…, ya sabes…, Duncan. —¿Cómo tenía que llamarlo?

El hecho de no estar casada con Duncan se estaba volviendo tan irritante como ella imaginaba que el matrimonio lo había sido siempre para él. No iba a llamarlo ‘su novio’. Duncan tenía cuarenta y tantos años, por el amor de Dios. ¿Compañero? ¿Compañero de vida? ¿Amigo? Ninguna de esas palabras o expresiones parecía adecuada para definir su relación, y tal inadecuación era mucho más hiriente cuando se trataba de la palabra ‘amigo’.


A veces a Tucker le desconcertaba la obsesión de la sociedad por el padre biológico. Todos sus hijos habían sido criados por madres competentes y padrastros amorosos; ¿para qué le necesitaba a él, entonces? Ellos (o sus madres) siempre hablaban de que querían saber de dónde venían y quiénes eran, pero él cuanto más lo oía menos lo entendía. Tenía la impresión de que siempre sabía quiénes eran. Él jamás podría decirles algo así, y si osaba hacerlo pensarían que era un absoluto imbécil.


Pero observar era también una actividad, ¿no? Uno no puede hacer muchas cosas mientras está observando.


Nos juntamos con las personas porque son afines o porque son diferentes, y al final nos separamos de ellas por las mismas razones.


¿De verdad habría sido mucho peor si se hubiera pasado aquellos años sola? ¿Por qué tenía que haber alguien más en la habitación mientras comía, veía la televisión o dormía?


— ¿Quieres vivir aquí.

— No lo sé. Estoy metido en un lío, ¿no?

— Sí, lo estás. Creo que tengo que advertírtelo, Duncan: no voy a luchar por ti. El problema contigo es que no eres el tipo de persona por la que uno suele pelearse. Eres mi opción de vida fácil. En el momento en que dejes de serlo, dejas de ser una opción.


Pero ahora, mientras metía su ropa en la maleta, se sintió físicamente enfermo. Aquélla era su vida, aquella de allí mismo, y por muchas cosas que metiera en su equipaje, no podría llevársela con él. Aun en el caso de que pudiera llevarse todo lo que poseía, seguiría dejándola atrás.


Dicho de otro modo: quería ver si alguien desearía tener sexo con ella. ¿Por donde empezar, en Gooleness?


Es difícil encontrar el sitio donde poder fingir al menos que tenemos alguna forma de futuro.


La incapacidad para articular de un modo satisfactorio lo que uno siente es una de nuestras tragedias permanentes.


Lo terrible es que, sin ti aquí, todo vuelve a ser como antes.


Annie. Duncan. Tucker. Gina. Cat. Malcolm. Jackson. Julie. 

Fragmentos de Juliet, desnuda. Nick Hornby.

Photo by Larm Rmah on Unsplash

 

 

 

 

 

 

 

 

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