Uno se enamora

Uno se enamora de las ciudades no por las calles, ni por los parques, ni por la arquitectura. O tal vez sí. Tal vez estas son cosas que conspiran para hacer que notemos la belleza que hay en las ciudades.

Pero lo que en realidad nos arrebata un pedazo de nuestra alma, para siempre y por siempre, son la experiencias que vivimos en ellas; las compañías, las ausencias, las charlas, los silencios en el metro, la incertidumbre por la hora del ocaso, el miedo al extravío, la curiosidad por tal o cual costumbre, la diferencia en los sonidos de los días laborales y los de descanso, lo que durante el día damos por conocido y por la noche se muestra completamente distinto, a veces inhóspito o misterioso, pero la mayor de las veces mágico.

Esto es lo que nos enamora de las ciudades. Y, por supuesto, lo que nos enamora más de la vida.

2015-04-12 20.37.052015-04-12 18.18.25

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