El viejo estadio.

Desde hace días me he topado con el recuerdo del viejo estadio que había en mi ciudad. Y hablo en tiempo pasado porque ya no está. Años atrás, un hombre al frente del gobierno decidió destruirlo (pensé escribir demolerlo, pero el verbo se me quedaba corto). El NAO, por Nicolás Álvarez Ortega. 

De entre mis recuerdos está la vez que vino el Pachuca en la temporada en que ascendieron a Primera División. Llegaron en calidad de Súper Líder. Nosotros eramos de los del sótano. Poco que perder y mucho que ganar. Nuestros Coras empezaron ganando. Dos a cero. Demasiado tiempo de compensación. Nos empataron. Al arbitro le llovió de todo. El Zombie, creo. Pinchi Zombie.

A mediados de los noventa los partidos de local se jugaban los viernes por la noche. A nosotros nos alcanzaba para ir a Gallinero. Diez pesos el boleto. Se lanzaban cuetes cuando los Coras metían gol. Al iniciar los partidos salían a la cancha con el corrido de Nayarit sonando en las bocinas del estadio. La Allende y la Insurgentes se llenaban de gente que regresaba caminando después del partido. Las filas de la peregrinación adelgazaban conforme se avanzaba. A veces llegaban hasta la P. Sánchez. De regreso a casa a ver la repetición del partido para ver si salías en la tele.

Recuerdo también que era fácil brincarse de la zona de Gallinero a la de Sombra. Había que treparse a un cuartucho y bordear una malla ciclón. No había vigilancia. Pero solo se recurría a esto cuando el clima iba mal. Lluvia. En una noche de buen clima uno de mis amigos fue a probar suerte. No le hicimos segunda y nos quedamos sentados en las bancas de fierro. Lo observábamos. Parecía un gorila queriendo salir de su jaula. El partido no prometía mucho así que la gente alrededor comenzó a mirarlo también. Creo que desertó cuando un policía le echó un grito. En su intento por regresar saltó del techo del cuartucho. Cayó apoyado en un solo pie. Se tambaleó por una fracción de segundo y su rodilla cedió al peso y se dobló. Cayó hacia atrás. Las carcajadas estallaron en Gallinero.

En el estadio se tejieron muchas historias. Yo tejí la mía y la guardo junto al recuerdo de mi adolescencia, mis amigos, y mis noches de viernes cuando tenía quince o dieciséis años. Fueron buenos tiempos.

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Photo by david clarke on Unsplash

 

 

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