Byzantium

Hubo una rebelión en Irlanda. Nos enviaron a aplastarla. Los dos fuimos heridos por la horda de pobres. Mis heridas fueron superficiales pero las de Darvell le dieron fiebre. Lo diezmó. Intenté persuadirlo de que viniera a casa. Sabía que el viaje aceleraría su deterioro. Darvell era rico, ingenuo. No tenía heredero. Comencé a desear que muriera. Pero antes de que la tumba se lo llevara, dos hombres entraron en su vida. Eruditos, supongo, de lenguajes muertos y antiguos manuscritos. Como si el conocimiento antiguo pudiera evitar su muerte.

Me dijo que debíamos encontrar un templo. Un antiguo mito decía que tenía poderes curativos. Estaba en una isla vacía en una costa desolada. Pensé que era la búsqueda desesperada de un moribundo.

Era una negra uña siniestra que salía del mar. Más una roca que una isla. Los remeros no pusieron un pie en el lugar. Dijeron que estaba maldito.

El camino era empinado, pero Darvell siguió escalando. Yo pensaba, o esperaba… que su corazón se detendría. Yo odié ese lugar. Había tantas aves en el cielo que casi oscurecían el sol. Parecían saber algo que nosotros desconocíamos. Me envió a buscar agua. Fue solo una trampa.

Encontré un cadáver. No respiraba. Su alma había volado. Y huí. Nunca hablé de eso. Tomé sus anillos. Y cuando volví, tomé sus propiedades.

Fragmento de Byzantium.

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