Bram Stoker.

De pronto pareció darse cuenta de su muerte y, una vez más, alzó su mirada hacia nosotros; una mirada que nunca voy a olvidar, tal era el odio que desbordaba de ella.
Un fuego violento ardía en el fondo de sus ojos verdes; sus dientes blancos y agudos parecían brillar bajo la sangre que manchaba sus labios y bigotes.
Y esos dientes rechinaban mientras el animal descubría y alargaba unas enormes uñas afiladas.

Fragmento de La Squaw.


 

De repente, alzó la vista, como la noche anterior, dominado por una súbita sensación de silencio. No se oía ni el más leve ruido de roer, chillar o arañar. Era un silencio de tumba. Entonces recordó el extraño suceso de la noche anterior, e instintivamente miró a la silla que había junto a la chimenea.

Fragmento de La Casa del Juez.


 

¿Una pesadilla? -dije con intención de animarlo-. Los sueños desaparecen con la luz, incluso cuando uno despierta.
Entonces, dejé de hablar porque, antes de pudiera decir nada más, vi la respuesta en su mirada.
¡No, no! Eso es lo que le sucede a la gente que vive en paz y rodeada de sus seres queridos, pero es mil veces peor para los que tenemos que vivir solos. ¿Qué alegría puedo encontrar aquí cuando me despierto en medio del silencio de la noche, rodeado por este vasto páramo, lleno de voces y rostros que hacen de mi despertar una pesadilla peor que la de mis propios sueños?
Usted, no tiene un pasado que le envía sus legiones en la oscuridad y en el vacío.

Fragmento de El Sueño de las Manos Rojas.

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